Cómo saber el BPM de tu música sin conexión

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Puedes saber el BPM de una canción en unos quince segundos sin más que un reloj: sigue el pulso con el dedo, cuenta los toques y multiplica por cuatro. Para una biblioteca entera, deja que un programa analice los archivos allí donde están, en el ordenador o en el propio móvil, sin subir nada y sin conexión.

Contar a mano

Reproduce la canción y sigue el pulso con el dedo, como harías moviendo la cabeza. Cuando lo tengas cogido, mira un reloj y cuenta los toques durante quince segundos. Multiplica por cuatro y tienes los pulsos por minuto. Para un resultado más estable, cuenta treinta segundos y multiplica por dos: cuanto más larga es la cuenta, menos pesa un toque de más o de menos al principio o al final.

Hay una pega. La mayor parte de la música lleva más de una capa de pulso regular a la vez, y es fácil seguir la que no es. Marca las negras y una canción de rock da 120. Marca las corcheas del hi-hat, que van al doble de velocidad, y el mismo pasaje da 240. Ninguna de las dos cuentas es incorrecta, pero una es exactamente el doble de la otra.

Para comprobarlo, cuenta compases. La mayoría de la música popular agrupa sus pulsos de cuatro en cuatro, con un acento más marcado en el primer pulso de cada grupo. Cuenta «un dos tres cuatro, dos dos tres cuatro» y fíjate en si el acento cae en tu «un». Si coincide, estás siguiendo el pulso. Si los acentos caen cada ocho toques, estás contando corcheas; si caen cada dos, estás contando blancas. Corrige y vuelve a contar.

El problema de la octava

Ese factor de dos tiene nombre entre quienes trabajan con tempos: la octava. Un tempo de 85 y uno de 170 describen el mismo ritmo contado a dos niveles distintos, y muchas veces no hay manera de decidir cuál es el correcto.

Los programas discrepan en esto tanto como las personas. Un detector de tempo tiene que elegir un nivel, y en muchos temas dos analizadores igual de buenos eligen cosas distintas. Una cifra que parece equivocada por un factor de dos no es un fallo propiamente dicho: es simplemente la otra octava.

Para ajustar música a una cadencia, no importa. Un corredor a 170 pasos por minuto apoya un pie por pulso en una canción a 170 BPM y dos pies por pulso en una a 85 BPM; la zancada encaja de las dos formas. Un sistema de emparejamiento que admite canciones a medio tempo y doble tempo absorbe esa ambigüedad por diseño, que es de lo que trata cadencia al correr y BPM de las canciones.

Programas para el ordenador

Si tienes un ordenador con tu música dentro, el camino de siempre es un programa de DJ o un gestor de biblioteca. La mayoría de los programas de DJ analizan el tempo al importar un tema, y muchas herramientas de biblioteca musical traen un analizador de BPM integrado o disponible como complemento. La mayoría puede escribir el resultado en las etiquetas del archivo, así que el dato viaja con la canción.

En el ordenador funciona bien. Pero exige tener el ordenador a mano, exportar o sincronizar luego con el aparato que reproduce los archivos, y convivir con etiquetas que se quedan viejas: si añades una carpeta de música nueva en el móvil, se queda sin cifras hasta la siguiente pasada. Con una colección que no deja de cambiar, esa pasada acaba siendo la tarea que siempre aplazas.

En el móvil, sin conexión, con Dale Ritmo

La alternativa es analizar los archivos en el dispositivo que los reproduce. Dale Ritmo (BPM Companion) lo hace en Android. Le indicas tus carpetas de música y trabaja en dos fases.

La pasada rápida da a cada canción un tempo aproximado en segundos, así que una biblioteca recién añadida se puede usar casi al instante. La pasada lenta es un detector neuronal, el transformer "Beat This!", que escucha el tema entero y localiza cada pulso y cada downbeat. Funciona en segundo plano, cuida la batería y solo hace falta ejecutarla una vez por canción; el resultado queda guardado. Esta pasada también resuelve la cuestión de la octava, que la rápida a veces decide mal, y por eso el BPM de una canción puede cambiar de una pasada a la otra.

Lee los formatos locales habituales: MP3, AAC/M4A, FLAC, OGG/Opus, WAV, y los archivos WebM/Opus con los que suelen guardarse las descargas de YouTube bajo un nombre .mp3 engañoso. Los archivos con DRM no se pueden leer.

Cada tempo detectado viene con una puntuación de confianza, y el ajuste «Confianza mínima» te permite ocultar los resultados de los que el detector no está seguro, en lugar de montar una cola con ellos. La app no tiene ningún permiso de internet, así que en ningún momento sale nada del móvil.

Con esas cifras se construye después una cola ajustada a tu cadencia, en pasos por minuto si corres o en pedaladas si sales en bici; la guía de cadencia de pedaleo cubre la bici, y las tablas de cadencia (en inglés) muestran qué tempos encajan con una cadencia dada.

Por qué importa que sea sin conexión

La privacidad es la razón evidente. Tus archivos de música dicen mucho de ti, y un analizador que los sube a un servidor se queda con una copia de tu biblioteca. El que nunca se conecta no puede hacerlo.

Las razones prácticas son igual de buenas. Un análisis que necesita servidor se para en el avión, en un túnel y en el sendero donde más te apetecería una playlist. Tampoco hace falta crear una cuenta, porque no hay ningún sitio donde iniciar sesión.

Hay además una razón de fondo que zanja la cuestión antes incluso de hablar de privacidad. Los servicios de streaming no permiten que ninguna app ajena escuche su audio. Una app puede ver el título de un tema en streaming, pero no acceder al sonido, y sin sonido no hay detección de tempo. Por eso cualquier analizador de tempo, en un ordenador o en un móvil, trabaja con archivos que están en tu poder, y por eso las apps que ajustan la música a tu paso o bien traen su propio catálogo o bien trabajan con el tuyo.

Si tu música ya está en tu móvil, Dale Ritmo calcula ahí mismo el BPM de cada canción, sin conexión, y construye con eso la cola ajustada a tu cadencia.

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